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Por Fernando Costoya 

@fecostoya 

Se definen como personas comunes, con problemas comunes, como cualquier otra. No se consideran grandes personajes ni ejemplos, mucho menos víctimas. Dicen que todas las personas tenemos obstáculos en la vida, aunque los suyos sean de otro tipo.

Ellos son Rosario Perazolo Masjoan (19), Martín Jaime (28), Enrique Plantey (34) y Juan María Nimo (28), discapacitados que conviven con su condición con total naturalidad, como si fuera una prenda que deberán usar el resto de su vida. E

n medio de la polémica y la indignación por la decisión del gobierno de eliminar pensiones a personas con discapacidad, "Crónica" dialogó con los cuatro para conocer sus historias de vida.


Igual que todos


"Uso silla de ruedas hace cinco años, y cuando empecé a buscar información en Internet para conocer un poco más, me daba cuenta de que todos los modelos de discapacidad que había o era gente que estaba sufriendo y pasándola mal o gente que era una inspiración de vida. Y yo decía: ¿dónde está la gente normal?", sostiene Rosario, con su tonada cordobesa.

"Uno no tiene por qué posicionarse entre una víctima o un héroe", agrega la joven, a quien le diagnosticaron una distrofia muscular a los seis años. "Como dice Rosario, somos personas totalmente comunes, nada más que tenemos problemas como tienen todos los demás", aporta Martín, que a los 18 años, en un intento de robo, recibió un disparo que lo dejó cuadripléjico.

"Los nuestros por ahí son más visibles que los de los demás, pero no por eso somos héroes ni estamos tirados en un pozo", completa el joven, que mueve la silla de ruedas con su pera. A los 11 años Enrique fue atropellado por una camioneta, en un siniestro donde perdieron la vida su padre y uno de sus hermanos. "Yo sé que llama mucho la atención que nosotros podamos tener una vida normal, ir a la facultad, salir a un bar, a un boliche y tener novia", reflexiona este deportista, que el año que viene competirá en los Juegos Paralímpicos.

"Para mí es la carga que se le pone a la silla de ruedas. Somos personas normales, nos trasladamos de una forma diferente al resto y nada más", afirma. "Yo me lesioné hace diez años, y allá quedó aquel día", relata Juan María, en referencia al accidente de motocross que sufrió a los 18 años y que le provocó parálisis en las piernas.

"Después uno se va desenvolviendo en lo diario y vive como cualquier persona. A mí por lo menos no me quita el sueño volver a caminar", añade. Junto a otras seis personas, los cuatro fueron distinguidos recientemente en el Congreso con el premio bienal que otorga ALPI Asociación Civil, en reconocimiento a su esfuerzo y superación para rehabilitarse.


Un poco de humor


Contra cualquier prejuicio, el humor es una herramienta fundamental para sobrellevar la condición de discapacitados. Y lo expresan de manera clara. "Yo creo que la forma en que yo hice que mi silla de ruedas no me pese fue el humor. Poder reírme de lo que me pasa, que mis amigas se rían, poder hacer chistes sobre el tema, le quita todo el peso", sostiene Rosario.

"Con todos mis amigos discapacitados -sostiene a su vez Martín- la principal arma que tenemos es el humor. Ningún discapacitado se va a ofender por un chiste. Es un tabú que tienen los demás con nosotros", remarca.


El sexo


Entre el desconocimiento y el tabú hay apenas un paso. Y en el medio, están ellos y su vida sexual. "Yo fui aprendiendo solo, con el tiempo, porque no tenía respuesta médica. Preguntabas y no te sabían contestar. Tuve el accidente a los 11 años, así que nunca había tenido relaciones sexuales", señala Enrique, ante la atenta mirada de su novia.

Juan considera que "hay una gran incertidumbre de saber qué es lo que pasa, sobre todo en personas jóvenes", y dice que la pregunta de los otros "es si uno puede llegar a estar’con alguien". Sin que la sonrisa se le borre del rostro ni una vez, sostiene que ahora tuvo "experiencias mucho más enriquecedoras que antes", y reflexiona: "Hay factores que juegan a favor a la hora de conocerse, de reeducarse, de volver a encontrarse con uno mismo".

Para Rosario, el tema de la discapacidad y el sexo ""es un tabú muy grande". "Se cree que una persona con discapacidad es un ser asexuado. Que no tiene necesidades sexuales, que no es una persona sexy, ni nada", acota.


Pensiones


El tema de la quita de las pensiones por discapacidad se hizo ineludible, y ellos dieron su opinión. "Me parece una decisión desacertada, infeliz, creo que tienen muy poca sensibilidad", sostiene Martín. "Se escudan en que hay casos irregulares, pero pusieron en la misma bolsa a personas que tienen derecho a cobrar la pensión, que es una ayuda totalmente necesaria".

Martín nunca accedió a la pensión, no porque no la necesite, sino porque de hacerlo perdería la obra social de su madre, que le cubre todo. "Me ayudaría mucho, más para mí que no tengo trabajo", reconoce, y en ese punto reclama la importancia de "incentivar el empleo para personas con discapacidad", ya que "el circuito laboral es muy cerrado para nosotros".

Por su parte, Juan -que no percibe la pensión, ya que tiene trabajo y obra social- dice que "está de acuerdo con la auditoría", pero entiende que "debe ser revisada". Cuestiona que los beneficiarios "se notificaron en el momento que no iban a contar con la pensión" y, en la misma línea que Martín, recuerda que por ley debe asegurarse el 4% de los empleos públicos nacionales, provinciales y municipales a las personas discapacitadas, aunque "generalmente no se cumple".

Finalmente, para Rosario la medida "es un horror". "Yo no la cobro, pero hay muchas personas que dependen de eso para el día a día", expresa, y agrega: "Es muy denigrante para este movimiento y la lucha que se viene dando".

La fuerza de un guerrero 

A los 18 años, Martín Jaime trabajaba en una farmacia, y con el sueldo se había comprado una moto. Había dejado el secundario. Pero en un intento de robo del vehículo, Martín recibió un disparo en el cuello que le provocó una lesión medular. Quedó cuadripléjico y tuvo que utilizar la silla de ruedas motorizada.

Se rehabilitó pero pasó por períodos de angustia, bronca, tristeza e impotencia. Se recluyó y se alejó de sus amigos. Un día dejó de llorar y decidió terminar el secundario. Para esa época, su hermano menor murió en el mar y fue lo peor que le pasó en la vida.

Pero siguió adelante y junto a sus otros hermanos, su mamá y su abuela comenzó a reconstruir su vida. Se recibió de analista de sistemas en la EMAE en noviembre de 2016 y fue escolta de la bandera nacional. De chico, su papá le transmitió la pasión por el fútbol. Cuando falleció, antes del accidente, Martín dejó de jugar.

Pero en su nueva vida todavía conserva la pasión por el fútbol y por Vélez Sarsfield. Volvió a jugar al fútbol en silla de ruedas, que mueve con su pera. Se define como un defensor “rústico”, pero eso no le impide soñar con llevar esta disciplina al club de Liniers.

Activista y emprendedora 

En septiembre de 2015, Rosario Perazolo Masjoan fue a bailar con un grupo de amigas a un boliche del barrio Nueva Córdoba, en la capital provincial. Era habitué del lugar, adonde siempre asistió con su silla de ruedas. Ese día, un relaciones públicas no la dejó ingresar argumentando que la silla de ruedas ocupaba mucho lugar.

Enojada, y “embolada” por la situación, Rosario le escribió una carta al dueño del boliche que publicó en Facebook. La carta se viralizó y fue levantada por medios nacionales e internacionales. Su vida cambió para siempre. A los 6 años le habían diagnosticado distrofi a muscular; a los 13 tuvo su primera silla de ruedas y a los 16 dejó de caminar.

Hoy, a los 19 años, se considera una activista por los derechos de las personas con discapacidad. Representó a la Argentina en un congreso latinoamericano de Unicef en Brasil y fue la única argentina invitada a una Cumbre de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos en Estambul, Turquía.

Además dio una charla TedX en Córdoba. Actualmente Rosario estudia Comunicación Social y está haciendo una serie web en realidad virtual sobre discapacidad y sexualidad.

El deporte en el alma 

La familia de Enrique Plantey se alegró de que el pequeño de 11 años hubiera sobrevivido al siniestro vial que terminó con la vida de su padre y de su hermano. Una camioneta los embistió a los tres mientras estaban en la banquina de una ruta.

Una lesión medular lo obligó a movilizarse en silla de ruedas. Pero su vida continuó. Viajó a Cuba para rehabilitarse y allí tomó conciencia de su cuerpo. En el colegio, Raúl, su profesor de gimnasia, lo entrenó en carreras, natación, jabalina y ping pong.

Luego, en un viaje a San Martín de los Andes tuvo su primer contacto con el esquí adaptado. Antes de dedicarse de lleno a esta disciplina, en 2010 Enrique cumplió un viejo sueño y emprendió un viaje alrededor del mundo: junto con un amigo recorrieron 25 países en cuatro continentes.

En marzo de 2018 participará en sus segundos Juegos Paralímpicos en Corea, en la categoría esquí alpino. Neuquino, actualmente trabaja en el Consejo de la Magistratura. Además tiene un proyecto de bicicletas adaptadas, que desarrolló con un amigo. Se trata de 3Pi, un dispositivo que transforma cualquier silla de ruedas en un triciclo, en el que se pedalea con las manos. Enrique lo utiliza para ir al trabajo.

Tiene un sueño: correr el Dakar 

A Juan Nimo nada parece detenerlo. Con una sonrisa en el rostro que no se borra, este hombre de 28 años quiere competir en el Dakar, aunque todavía las autoridades argentinas no se lo permiten. Siempre fue fanático de la velocidad.

A los 4 años hizo karting, y luego minicross, donde llegó al profesionalismo y ganó varios campeonatos. En octubre de 2006, mientras entrenaba en un circuito chileno para motocross, Juan sufrió una fuerte caída que le provocó parálisis en las piernas.

Tenía apenas 18 años. Pero no se iba a quedar quieto. Después de superar la rehabilitación, Juan se convirtió en el primer piloto de pista y rally del país en competir con autos armados para su capacidad. Hizo esquí, jet, motocross, TC 2000, supermoto, danza y acrobacia aérea, entre otras disciplinas.

En 2013 cubrió el trayecto entre Neuquén y el Obelisco, más de 1.200 kilómetros, a bordo de una silla de ruedas tipo maratón. En octubre de 2015 logró lo impensado: obtuvo la licencia deportiva para competir a nivel nacional en el automovilismo.

También creó “Revolución Capacidad Diferente sin Límites” (Revol), un grupo que busca cambiar la visión sobre las personas con discapacidad.